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HotSpotlight: Fargo

Hablar de Joel Coen y Ethan Coen es hablar de un dúo que se ha vuelto icono de la comedia negra moderna. Es hablar de una larga lista de películas alabadas por el público y la crítica, como El gran Lebowski y su estatus de película de culto, o la aclamada Sin lugar para los débiles con un increíble Javier Bardem en la piel de Anton Chigurh. Pero si hay una película que, a más de 20 años de su estreno, todavía figura en la cima de su trabajo y se ha vuelto un clásico de su cinematografía es Fargo.

Fargo recibió múltiples premios. Consiguió siete nominaciones en los Oscars y ganó dos, a la mejor actriz, Frances McDormand, y al mejor guion original. Arrasó en los Spirits, los premios del cine independiente (película, director, guión, actriz, y actor: William H. Macy), así como los Coen ganaron el premio al mejor director tanto en el Festival de Cannes como en los premios BAFTA de la Academia británica. Sin duda, la película gozó de la aprobación del público. Pero, ¿por qué es tan buena y por qué nosotros te recomendamos verla?

Fargo cuenta el plan de un hombre apocado y tímido, casado con la hija de un millonario que le impide disfrutar de su fortuna. En su desesperación por gozar de la buena vida, decide contratar a dos delincuentes para que secuestren a su esposa y pedir rescate para montar un negocio propio. A partir de ahí nada sucede según lo planeado y las cosas poco a poco van perdiendo el control. Ese efecto bola de nieve, de organizar y relatar una historia basada en ese tobogán de mala suerte es el principal atractivo de la película y la verdadera razón de por qué es tan celebrada. En Fargo los Coen abrazan la Ley de Murphy y sacan una comedia negra que se burla de lo absurdo que puede llegar a ser el comportamiento humano.

La cinta también lució una madurez estética que los Coen no habían logrado en sus trabajos anteriores. La atención a los detalles y cómo estos le dan una originalidad sin igual a la película. Detalles como un fiel relato del verdadero Estados Unidos, de la gente que vive en pueblitos alejados, que solamente dicen un “yeah” y “Jeez” se repiten en cada intervención. Todos eclipsados por la extraordinaria superioridad moral del personaje de Frances McDormand, la única con algo de sentido común en toda esta loca historia.

Si todavía no ves Fargo, te recomendamos ampliamente que te tomes un tiempo para verla. Además, la película es tan buena que dio paso a una serie homónima y casi tan buena como la misma producción.